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La Cooperación

mar. 22
EDITORIAL

 

Esa heroína llamada Mujer

 

El pasado 8 de marzo se conmemoró el Día Internacional de la Mujer. Más allá de las circunstancias por las que fue señalado como jornada de homenaje, la Asociación de Cooperativas Argentinas desea resaltar, en caso de la Mujer Rural, su tarea heroica.

El heroísmo es aquello que se hace sin cálculo de premio. El trabajo rural es una actividad económica y empresarial vista desde el hogar, porque la familia se traslada o vive en el lugar de trabajo, cuestión que no ocurre en las labores urbanas. Allí la mujer comparte la ocupación del hombre y tiene a su cargo las tareas del hogar. Esta es una doble misión que poco se valora y que habla a las claras de un heroísmo que merece ser exaltado.

Si nos remitimos a épocas pretéritas, el primer paso de la etapa nómade a la sedentaria se dio a través de la mujer, pues ella fue la que observó en ese extenso período de ir de un lugar a otro recolectando frutos, que la semilla que caía al suelo generaba una planta. La sabiduría de la agricultura es un conocimiento femenino. También en esta etapa sedentaria aparece por primera vez el hogar, construido alrededor del fuego, y la que tuvo a su cargo el mantenimiento de la llama fue la mujer.

Si se rastrea el origen de la palabra "economía", significa del griego "administración del hogar" y es algo tan femenino como en la antigua Grecia. Esto nos hace deducir que la economía es cosa de mujeres, o por lo menos, no es solamente una profesión de hombres.     

En el siglo XXI ese heroísmo de la mujer no ha perdido vigencia. Los medios de vida han evolucionado, pero esa dualidad entre el trabajo rural y el hogareño se mantiene intacta. Ayer colaboraba en hacer parvas, atar los caballos, ordeñar, hombrear bolsas, atender la granja y la cocina cuando en los momentos de cosecha se juntaban 10 ó 15 personas.

Hoy, la tecnología facilita las labores en esfuerzo, aunque no en dedicación. Manejar el tractor, ayudar en la administración de la empresa, colaborar junto a los hijos incorporando producciones alternativas (apicultura, por ejemplo), es tan importante como cuidar su aspecto personal y el hogar.

¿Y la mujer en el cooperativismo? En el movimiento cooperativo no existe un rol diferenciado para hombres y para mujeres. En un plano de igualdad de oportunidades tienen y ejercen sus derechos y deberes como miembros. Desde 1944, cuando se crea el movimiento juvenil agrario cooperativista de ACA, la mujer siempre tuvo un activo rol y, más recientemente, se la ve ejerciendo funciones de consejera o funcionaria de Cooperativas o acompañando y haciendo de nexo entre la entidad solidaria y la comunidad con su activa participación en los Grupos de Mujeres Cooperativistas, fuertemente apoyados por el grupo cooperativo que lidera ACA.

El ex presidente de la Alianza Cooperativa Internacional, doctor Roberto Rodrígues, señala que "como movimiento basado en los valores de equidad y democracia, las Cooperativas tienen la responsabilidad de progresar en la promoción de la equidad entre los géneros. Tenemos que ganar beneficios concretos haciendo uso de nuestros recursos humanos disponibles para tratar con los muchos desafíos económicos y sociales que hay enfrentamos. Indudablemente, la equidad entre los géneros es conveniente para la eficiencia cooperativa".

Hoy por hoy, la mujer rural y cooperativista acompaña con verdadero protagonismo la transformación del campo y de las instituciones que lo cobijan; mientras que con fina percepción hila una vida de afectos y de ternura, defendiendo como pocas el derecho a seguir construyendo y consolidando la identidad y la pertenencia familiar.

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