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¿Qué es la ruralidad? Por el doctor Marcelo Sili (*)

 

 

La ruralidad es un concepto de moda. Diferentes publicaciones científicas y técnicas, responsables políticos y gremiales utilizan más que nunca este término, debido antes que nada a la emergencia de nuevas formas de vida y nuevas dinámicas de desarrollo en los espacios rurales, a tal punto que aparece en diversos ámbitos el concepto de "nueva ruralidad". Sin embargo, esta idea tan en boga mantiene un alto grado de ambigüedad, lo que genera aún mayor confusión.

 

En líneas generales, la ruralidad tiene dos grandes acepciones y usos. La primera acepción, que es la más banal y ampliamente difundida, hace referencia a la ruralidad como "todos los hechos y fenómenos relativos que se suceden en áreas de baja densidad de población vinculada a la producción de bienes primarios o agropecuarios". Esta es una concepción estática que tiene un fuerte carácter demográfico y espacial.

    La segunda acepción, que es la que consideramos pertinente para abordar en profundidad los procesos de desarrollo rural, define a la ruralidad como "la forma de relación que se establece entre la sociedad y los espacios rurales y a partir de la cual, se construye el sentido social de lo rural, la identidad y se moviliza el patrimonio de dichos espacios".

    La ruralidad en tanto forma de relación entre el hombre y su espacio y forma de apropiación simbólica, valorización y aprovechamiento del patrimonio, constituye la dimensión social de los territorios rurales. Entendida de esta manera, la ruralidad tiene dos dimensiones que interesa analizar: a) una dimensión subjetiva vinculada a la identidad, y b) una dimensión instrumental ligada a las formas de valorización del patrimonio. Ambas dimensiones son concurrentes al proceso de apropiación y territorialización de los espacios rurales.

    Desde la concepción de imaginario social, la ruralidad es un proceso subjetivo de toma de conciencia de la población de formar, y ser parte de un espacio rural más allá de tener residencia en él. Las imágenes y representaciones que los sujetos tienen sobre las actividades, las costumbres, sobre sí mismos y sobre los otros, les permite a los hombres vinculados a las áreas rurales construir y reconstruir sus propias representaciones y símbolos, y a partir de allí significar su propia historia rural y sus recursos (tierra, patrimonio histórico y cultural, conocimientos, etc.).

    Es en base a este proceso de toma de conciencia, apropiación simbólica y aprendizaje, que ellos actúan y transforman ese mundo rural que los rodea. Desde esta perspectiva, entonces, la ruralidad no es una simple imagen estereotipada, vinculada a las tradiciones o lo autóctono, sino que es una construcción social realizada por parte de las sociedades involucradas por los territorios rurales, estructurada muchas veces por la educación y los medios masivos de comunicación.

    Queda claro que en las últimas décadas, esta construcción de la identidad ha sido denigrada y subvalorizada mostrando a lo rural como ámbito de escasa capacidad de innovación y desarrollo, en contraposición al modelo cultural urbano propuesto como el faro del progreso y la modernidad.

    Desde otro punto de vista, la ruralidad es una forma específica de valorización y aprovechamiento de los recursos patrimoniales, caracterizado por el fuerte peso de lo local. En efecto, "lo local" es tan importante que le da a las formas de producción una especificidad única de acuerdo al lugar y sus características. Esto tiene consecuencias en términos de desarrollo y transferencia de tecnologías, pues la capacidad de estandarización y transferencia de innovaciones está limitada por las características generales de los lugares.

    Así, los conocimientos, técnicas y procesos que funcionan en el lugar probablemente no funcionan en otros, pues lo que los hace eficaces es el territorio donde se encuentran. A pesar de esta "localización" de valores patrimoniales, la ruralidad retoma el conjunto de bienes materiales e inmateriales modernos y deslocalizados (tecnología, conocimientos, etc.) y los reactualiza, adapta y reinterpreta en función de los territorios locales.

 

Ruralidades diferentes

 

    La relación que los hombres mantienen con los espacios rurales está moldeado entonces por éstas dos dinámicas, una dinámica de identidad que le da sentido al lugar y una dinámica de valorización de los recursos que no es totalmente deslocalizable. Del juego y articulación de estas dos dinámicas resultan formas de ruralidad diferentes, según el juego dialéctico entre lo local y lo global.

    En síntesis, la ruralidad es la forma de apropiación o territorialización de un espacio rural que se produce mediante una doble vía: a través de la construcción de una identidad y por una valorización de los recursos del espacio rural. La ruralidad constituye en definitiva el "alma" del desarrollo rural, la fuerza que permite construir un proceso integral y sustentable de desarrollo.

    Sin ruralidad (identidad y forma de valorización de los recursos patrimoniales rurales) no hay territorio ni desarrollo, a lo sumo podrá existir un espacio agrario abierto a un proceso de desarrollo productivo agropecuario con escaso contenido social (desiertos verdes).

 

(*) Conicet /UNS / Agriterris

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